Por Dra Claudia Molina
Tengo dos hijas que adoro: Judith Sisquellas M., de veintiséis años, y una enamorada de la dirección cinematográfica, y Martina Sisquellas M., de seis. Siempre he intentado equilibrar mi vida familiar y laboral, porque soy muy hogareña y familiar, una «mamá gallina»; sin embargo, nunca he dejado de trabajar, ni siquiera cuando estuve embarazada. Hay un refrán en mi país que dice que un hijo siempre viene con un pan debajo del brazo; es cierto, cuando nace una nueva vida en la familia siempre se encuentra una manera de seguir adelante, un hijo despierta tanta energía en unos padres, un amor tan inimaginable, que lleva a hacer esfuerzos de magnitud que trascienden las fronteras emocionales y físicas antes establecidas. Esa fuerza, esa emoción, ese enorme amor que arrasa… este es el pan que mi hija trajo padres, quienes la guiarán en sus primeros pasos y en su vida.

